Lizzy

Llegó el domingo. Día familiar, dicen por ahí, pero para ti es día de resurrección. “Ya se ha muerto mi abuelo, ayayay. Ya se ha muerto mi abuelo, ayayay. Tomando trago, ayayay. Tomando masato, ayayay.” ¿Te acuerdas de la canción, no? La cantaste a la perfección, sin desentonar. Mejor aún, la bailaste como trompo ayer. Sí, ayer.

Domingo, 11 de la mañana y tú ni tienes la menor intención de despertarte. “¡Levántate flojo!”, escuchas entre sueños. Es tu mamá que, por encargo de tus amigos del barrio, te hace acordar que ya es día y tienes compromisos por cumplir. Hoy eres playita. ¿Santa María, San Pedro? Cualquiera. Total, las dos tienen nombre tranquilo, de santo(a).

“¿Mamá, dónde está la toalla?”, conchudamente le preguntas. Ella, como te quiere más de lo piensas, te alista toda tu mochila mientras te bañas. Ya estás listo. Escuchas el claxon del carro. Son tus amigos que vienen a recogerte. ¿Te fijaste la hora que están saliendo? Son las 11 y media. “Ya regreso”, te despides.

La música a todo volumen, gritando a modo de conversación, viendo las chicas con minifalda por la ventana. Empezó la diversión. ¿Qué falta? Sí, eso. Se detienen en la tienda más cercana. Cervezas bien heladas. Las tienes. Ahora a seguir con el camino. No sabes lo que te espera.

Te escapaste de tu barrio. Ahora, por castigo, te toca salir de la Av. Javier Prado. ¿Cómo la haces? Si pasaron 10 minutos y avanzaste, al menos, tres cuadras, no te quejes. El día te sonríe. ¿Cuánto tiempo más? No molestes, ya la salaste. Con suerte y mucha paciencia, ya están a la altura del puente Benavides. No soportan el infernal sol. Les falta mucho todavía. Así que a aguantar se ha dicho. Para llegar al puente Ricardo Palma sufren como no tienen idea. La inmensa fila de autos llenos de extasiados veraneantes es como para no creerlo. Para pasar el puente Atocongo es una nueva pesadilla. Y, ¿dónde están los policías? Cumpliendo su función, pero no tienen el control. “Si quieren ir a la playa que aguanten.”, tal vez lo piensen.


¡El tráfico es más que asfixiante!



Ya estás cerca al peaje. La fila avanza lento, pero avanza. Entraron a Lurín. El olor a chicharrón los hace prometer una parada obligatoria al regreso. Pasaron Pucusana. Ya pueden ver el mar y a las chicas en bikini. Tren al sur, tren al sur. La canción del grupo chileno ochenteno, Los Prisioneros, cae como anillo al dedo. Después de las casi dos horas achicharrándote, estacionan el auto. Todos al agua. ¡Por fin!

Disculpen, pero tengo que hacerles recordar. Lo mismo tendrán que pasar al momento de regresar. Así que tomen sus precauciones. Dejen de sacar teléfonos a cuanta rubia se les aparezca y alisten sus cosas. Acuérdense, también, la cita pendiente que tienen con los chicharrones.

No vale picarse. Solo les hago acordar para que no renieguen de camino a casa. Diviértanse. Falta poco para que el sol se vaya. Saquen el jugo a sus vacaciones de verano, si es que aún gozan de ella. Por última vez, tomen sus precauciones, que el tráfico no les malogre su caluroso domingo.
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