Lizzy

Hace poco intentaba ordenar mi cuarto y encontré mis diarios. Llegué a tener uno para los dos últimos años de primaria, y el otro para los dos últimos años de secundaria. "¿No tenías nada que hacer?", sé que muchos estarán pensando en decirme eso. Pero lamento decirles que no se trata de eso. Escribir es mi pasión.


Revisando el tan meloso y rosado diario de primaria me di cuenta que en aquellos días mi vida no era como la de mis amigas. Mientras ellas jugaban con la flaquísima Barbie, yo jugaba voley con chicas a punto de terminar la secundaria. Tal vez porque, hasta esos días, era alta. Ahora mejor me quedo callada. También, mis amigas podían llegar a su casas y quedarse sentadas, horas de horas, frente al televisor; mientras que yo iba, muy obediente, a mis clases de inglés en un instituto que, según ellos, "hablabas inglés en solo un mes". Felizmente, duré, a lo mucho, tres meses allí. No era divertido, como mamá lo prometió. No era para niñas.




En fin. Encontré algo que, hasta hoy, me gusta y me divierte: el folclor. Las danzas se convirtieron en un atractivo pasatiempo. Por fin, algunas de mis amigas y yo teníamos algo en común. Y cómo no si el mismo colegio, el extrañado BUP de Los Olivos, nos daba la oportunidad de bailar todos los fines de agosto en un festival que atraía a niños, jóvenes y adultos. Recuerdo que estando en el colegio solamente bailé dos veces, en 5to de primaria y en 5to de secundaria. Pero es que más me divertía ver las coreografías desde lo más alto de la tribuna que bailarlas. Aún recuerdo cómo gritaba con las danzas de Cusco. Y hoy, con pena, las recuerdo. Desafortunadamente, este año no hubo festival. ¿Por qué? La maldita gripe porcina. Me debe una.




Cuando terminé de leer el primer diario, el de primaria, sólo atiné a reir. ¿Cómo no si, a veces, escribía tonterías de niñas? Había desde la clase aburrida de religión, el gastazo de mis papás por las clases de arte, el chico más simpático del salón que nunca te daría bola, peleas de niñas, diseños de loncheras, bla bla bla. ¿Cómo no reirme?




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Ya en secundaria, creo, tenía más cosas en común con las chicas de mi edad. Los viajes de colegio, la pasión por el folclor, campeonatos escolares, el voley, el gusto de hablar de chicos y, lo siempre compartido, las horas perdidas a la salida.




Gracias al colegio, todos los años viajábamos. Lo mejor: sin papás. Los profesores, aunque casi siempre estaban cerca, no eran 'problema'. La chacota de los viajes era, sí o sí, momento Kodak. Ica, Huancayo, Huaraz y Cusco: inolvidables. A Trujillo y Arequipa no pude ir. ¿Los motivos? Era de la selección de voley del colegio... el entrenador, de alguna manera, no nos dejaba ir. Los días de competencia eran seguidos.




El tema de los chicos siempre estuvo vigente. "¿Qué ella está con él?, ¿Cómo se le mandó?, ¿Y qué pasó con...?", solías escuchar esto y más entre los pasillos a la hora de recreo. La chismografía, de hecho, era el curso preferido de todas las chicas. Nadie puede decir que no.




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Gracias a los benditos diarios, todos esos recuerdos y más nunca, prometo, serán borrados. El pobre parece, a veces, en algunas de sus páginas, basurero. ¿Por qué? El empaque de la golosina preferida de niña, una servilleta con algún mensaje 'especial', el pedazo de tela del vestido de tus 15, una flor, etc, etc.... todo está allí. Y aún hay para más.

2 Responses
  1. aiko Says:

    tus recuerdos me hizo acordar a mis épocas de colegio, de niño inocentónn cuando áun no usaba lentess jajaj


  2. Lizzy Says:

    no te imagino con lentes o_O


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