Lizzy
La municipalidad de Los Olivos se ha convertido en el nuevo punto de encuentro de las hoy conocidas tribus urbanas.

Es común ver en la municipalidad de tu distrito el flash de la cámara congelando la sonrisa de unos recién casados. Familiares y los amigos, con sus mejores trajes, posando para la foto del recuerdo. Otros días, las colas que se forman para pagar los arbitrios o algún impuesto, más aún. Sin embargo, ¿te sorprendería encontrar en tu municipio a jóvenes y adolescentes vestidos de negro ocultando sus rostros tras un particular peinado? Si la respuesta es afirmativa, embárcate en cualquier línea de transporte público que te lleve al concejo de Los Olivos y prepárate para la experiencia.

Viernes, 6 p.m. Busca en tu guardarropa lo mejor porque hoy, sí o sí, sales. No te asfixiarás en tu casa. Lo prometo. Si no me crees, mira tu celular y encontrarás mensajes de texto que pronostican el escape al aburrimiento. Son tus amigos haciendo planes, mejor dicho, pasándote el dato. “A las 7:00 p.m. en la municipalidad”, leerás. Ahora sí, corre al closet.

Tus zapatillas All Star, unos pantalones ajustados color negro, una correa y un polo rosado. ¿El peinado? Tápate casi todo el rostro. ¡Listo! Fiel a tu moda, ve al encuentro de la comuna. Tus amigos emos esperan por ti. Lugar de encuentro: la esquina de la municipalidad, al lado de la pileta.

No eres el primero, el grupo ya se estaba formando. Risas tímidas se dejan notar. Claro, si el peinado lo permite. Miradas veloces recorriendo todo tu vestuario. Olfato para prevenir el insulto y la burla de otro grupo. Los metaleros siempre fastidian. No conciben la idea de que existan los emos. “Fuera llorones”, les dirán. Bocas inertes si estás con tu enamorada – por regla, igual que tú. Problemas, problemas y más problemas: el tema preferido.



Son las 8 p.m. y la municipalidad de Los Olivos alberga a las hoy más conocidas tribus urbanas: emos, punks, metaleros y hip hoperos. Cada grupo tiene su espacio y su tiempo – como quien paga por un derecho de piso -.

Pasada media hora, se esfuman los incomprendidos y llega el color serio en todo su esplendor. Es el turno de los punks y metaleros. A veces, el olor no es agradable. Te darás cuenta que están “en otras”. Volando, como suelen decir. ¿Problema social? Absolutamente. Aún así, no les importa. Algunos testigos de Jehová o personas de otra secta religiosa que nunca faltan ya han intentado cambiarlos. O aún están en esas. “Si lees la Biblia, descubrirás que existe una vida mejor”, leerán con su adormecedora voz. La verdadera razón por la que escuchan su pomposo discurso es la presencia de jóvenes ayudantes que lucen muy recatadas, pero que, también, son de carne y hueso. Fingen estar escuchando. Cuando terminaron el versículo, el adiós de la ayudante es lo único que se les grabó. Te veo el otro viernes. Metaleros y punks con sus largos cabellos ya pactaron la cita. O al menos, eso creen.

Son las 9 p.m. y entran, como reyes en su palacio, los hip hoperos. Hoy habrá tocada. Mejor dicho, reto. Los dos bandos practican sus mejores sonidos y entonan versos que intimide al contrincante. Se ponen en todas las situaciones. Crean letras para cualquier imprevisto. Sus anchos polos y pantalones hacen que aparezca el patrullero. Los vecinos ya los alertaron. Sus blancas y vistosas zapatillas completan el atuendo de un verdadero amante del hip hop. Si el reggaeton no le es indiferente, también lucirá un enorme collar – blin blin, en su argot­ -. Aparecen más ambulantes. El cigarro saldrá como pan caliente. De hecho, su mejor inversión.

La radio grabadora de una esquina se hace sentir más que la otra. Cual trofeos, se pelean por tener a las muchachas más simpáticas y las más atrevidas. Mientras más bulla, el grupo es más respetado. Los preparativos están por culminar. Mandan a uno del grupo para preguntar al otro si ya está listo. Todavía no se puede empezar. Los policías siguen rondando. Los listos jóvenes se alejan de la zona para despistarlos. Tras unos minutos, regresan. Ya todo está listo. La gente se acomoda en las mejores ‘butacas’ de la rotonda de la municipalidad para no perderse ni un detalle del espectáculo. Las previas: unos malabaristas y un improvisado show de aficionados al skate. Jóvenes realizando piruetas con pequeñas bicicletas tampoco pueden faltar. Todos quieren sorprender al público. Ganarse miradas. Un presentador elegido por ambos grupos anuncia el inicio del reto. Letras “sutiles” que enronchan a cualquiera se escuchan en la vibrante rotonda. Faltando pocos minutos para que se cumpla la hora, los espectadores eligen al ganador con gritos. Termina el reto y se abre paso a una municipalidad que quiere volver a la normalidad. Emos, punks, metaleros y hip hoperos se acomodan en las bancas con sus grupos para seguir la diversión, cada quien a su manera.

Hoy la municipalidad de Los Olivos es más que una institución que se ocupa de la administración del distrito. Ya no solo es vista como un sobrio edificio, sino que es un espacio que atrae a locos y cuerdos. Sigas la ideología que sigas, seas hombre o mujer, pertenezcas a la secta religiosa que pertenezcas, estés o no dentro de cualquiera de estas tribus urbanas, puedes conocer el mundo de estos singulares personajes. Aunque no sean abiertos al común denominador de las personas, puedes camuflarte con un conjunto negro y fumar un cigarrillo para que no escapen de tu mirada. No los juzgues. Uno nunca sabe si está en ti una de esas personalidades reprimidas.

Lizzy
¿Es bueno lamentarse? ¿Es bueno arrepentirse?

Hoy, más que nunca, necesito que alguien me explique por qué cometemos tantos errores. Justo hoy, una semana después, necesito las respuestas. Urgente!


Necesito regresar el tiempo atrás para darme cuenta de que estaba haciendo mal.
Necesito tanto una lágrima no interrumpida, una lágrima que cure el alma.
Necesito no ver llorar a las personas que más amo, menos a ti.
Necesito saber si me quieres, si estaremos igual que antes.


Sé que te defraudé, que no esperaste eso de mí. Lo único que deseo es que no me odies, que me mires como antes, que no te olvides que yo, a pesar de todo, te amo.


Créeme que ni yo entiendo lo que pasó. Créeme que ahora todo lo veo diferente. Créeme, por favor, que nunca más te haré llorar. Créeme que te quiero, que eres lo más importante que tengo. Créeme que no era mi intención hacerte tanto mal.




"¿Ya no soy tu esperanza?", me duele pensarlo.

"¿Te maté en vida?", me aterra pensarlo.

"¿Me querrás como antes?", lo que más deseo.




Hasta hoy me doy cuenta que eres tan importante. Recién puedo verme un día sin ti. Recién puedo entender tu corazón. ¿Cómo puedes ser tan buena conmigo después de lo que te hice?


Gracias, sin embargo, por seguir caminando conmigo, por enseñarme que la vida no es color de rosa, por entenderme, por apoyarme hasta en lo peor, por ser tú.


Por ser tú... te amo E.C.!
Lizzy

Hace poco intentaba ordenar mi cuarto y encontré mis diarios. Llegué a tener uno para los dos últimos años de primaria, y el otro para los dos últimos años de secundaria. "¿No tenías nada que hacer?", sé que muchos estarán pensando en decirme eso. Pero lamento decirles que no se trata de eso. Escribir es mi pasión.


Revisando el tan meloso y rosado diario de primaria me di cuenta que en aquellos días mi vida no era como la de mis amigas. Mientras ellas jugaban con la flaquísima Barbie, yo jugaba voley con chicas a punto de terminar la secundaria. Tal vez porque, hasta esos días, era alta. Ahora mejor me quedo callada. También, mis amigas podían llegar a su casas y quedarse sentadas, horas de horas, frente al televisor; mientras que yo iba, muy obediente, a mis clases de inglés en un instituto que, según ellos, "hablabas inglés en solo un mes". Felizmente, duré, a lo mucho, tres meses allí. No era divertido, como mamá lo prometió. No era para niñas.




En fin. Encontré algo que, hasta hoy, me gusta y me divierte: el folclor. Las danzas se convirtieron en un atractivo pasatiempo. Por fin, algunas de mis amigas y yo teníamos algo en común. Y cómo no si el mismo colegio, el extrañado BUP de Los Olivos, nos daba la oportunidad de bailar todos los fines de agosto en un festival que atraía a niños, jóvenes y adultos. Recuerdo que estando en el colegio solamente bailé dos veces, en 5to de primaria y en 5to de secundaria. Pero es que más me divertía ver las coreografías desde lo más alto de la tribuna que bailarlas. Aún recuerdo cómo gritaba con las danzas de Cusco. Y hoy, con pena, las recuerdo. Desafortunadamente, este año no hubo festival. ¿Por qué? La maldita gripe porcina. Me debe una.




Cuando terminé de leer el primer diario, el de primaria, sólo atiné a reir. ¿Cómo no si, a veces, escribía tonterías de niñas? Había desde la clase aburrida de religión, el gastazo de mis papás por las clases de arte, el chico más simpático del salón que nunca te daría bola, peleas de niñas, diseños de loncheras, bla bla bla. ¿Cómo no reirme?




*****




Ya en secundaria, creo, tenía más cosas en común con las chicas de mi edad. Los viajes de colegio, la pasión por el folclor, campeonatos escolares, el voley, el gusto de hablar de chicos y, lo siempre compartido, las horas perdidas a la salida.




Gracias al colegio, todos los años viajábamos. Lo mejor: sin papás. Los profesores, aunque casi siempre estaban cerca, no eran 'problema'. La chacota de los viajes era, sí o sí, momento Kodak. Ica, Huancayo, Huaraz y Cusco: inolvidables. A Trujillo y Arequipa no pude ir. ¿Los motivos? Era de la selección de voley del colegio... el entrenador, de alguna manera, no nos dejaba ir. Los días de competencia eran seguidos.




El tema de los chicos siempre estuvo vigente. "¿Qué ella está con él?, ¿Cómo se le mandó?, ¿Y qué pasó con...?", solías escuchar esto y más entre los pasillos a la hora de recreo. La chismografía, de hecho, era el curso preferido de todas las chicas. Nadie puede decir que no.




****



Gracias a los benditos diarios, todos esos recuerdos y más nunca, prometo, serán borrados. El pobre parece, a veces, en algunas de sus páginas, basurero. ¿Por qué? El empaque de la golosina preferida de niña, una servilleta con algún mensaje 'especial', el pedazo de tela del vestido de tus 15, una flor, etc, etc.... todo está allí. Y aún hay para más.

Lizzy
Y, de pronto, una lágrima cayó por tu mejilla. ¿Qué hacíamos? Ninguno de los dos se atrevía a secarte ese rostro tan lleno de experiencia, tan falto de cariño - en ese momento -. Ni él ni yo éramos capaces de acudir a tu auxilio invisible. ¿Miedo? ¿Vergüenza? ¿Qué sería? Pero, desdichados, no lo hicimos. ¿Qué esperábamos? Eres importante para nosotros. De hecho, lo eres. Creo que no nos sentíamos con "autoridad" para reconfortarte.


Así, el silencio era el único invitado entre los tres. En aquel cerrado espacio no cabía nadie más. Pero, claro, tenías que llegar tú para calmarla, para calmarlo todo. "No te asustes", dijo. Y, como por arte de magia, ni una lágrima más se dejó ver. Tu miedo desapareció instantáneamente. Como para no creerlo.


Lo viste y la calma volvió a ti.
Lo viste y ese llanto de niña cesó.



Fue entonces que comprendí que entre ellos el amor, eso que siempre buscamos, es puro. Y ¿cómo no? si los 51 años de matrimonio, en este caso, lo amparan. Confianza, tal vez dependencia, preocupación, respeto, y, lo esencial, el cariño que sienten el uno por el otro lo dicen todo. No existe pareja perfecta que conozca. Solo ellos. El amor incondicional hecho humano.
Lizzy

¿Qué puede ser peor:

a. El cielo panza de burro de nuestra Lima
b. Los aburridísimos días de "Fiestas Patrias"
c. No saber cómo matar el tiempo
d. Estar sin ti ????

Siendo 100% honesta, la última. No hay duda.

¡TE EXTRAÑO!


Quisiera saber cómo hacer que las horas pasen volando. ¿Qué hago? Es tan aburrido y, sí lo admito, da envidia ver cómo otros se divierten y tú no. Podré sonar mala, pero es lo que pienso. Y sé que más de uno cree lo mismo. No me digan que es envidia sana... lamento decirles que eso no existe. No existe!
Quisiera saber cómo hago para disfrutar mis últimos días de vacaciones. Necesito distraerme. Con lo que sea, pero ya. En pocos días entraré, otra vez, a la tortura de los trabajos, de los parciales, los finales, los libros, los almuerzos de última hora, las correteadas, etc, etc, y siento que no he disfrutado de nada. ¿Qué hago?

Quisiera creer que no dependo de una persona para ser feliz. O ¿es así? La verdad lo único que quiero es tenerte aquí conmigo. Me hace falta tu compañía. Me hace falta hablar contigo de cualquier cosa. Me hace falta reirnos de la nada. Me hace faltar - por qué no - llorar y que tú me digas que todo va estar bien. Me haces falta. Tanta falta.

Pero debo entender, también, que tienes vida. Sonó algo egoista creo. Es que otras veces era yo la que, sin pensarlo, me ausentaba, pero ahora te tocó a ti. Sé que la familia siempre va estar primero que todo, pero cuando piensas con el corazón y no con la cabeza no puedes entenderlo. Y ahora yo no lo entiendo. Sólo quiero que regreses. Si no dime cómo llego a ti, dónde estás, qué carro tomo, hace frío o calor. Te necesito.
Digan lo que me digan... te necesito para ser feliz!
Regresa y cambia mis días.
Regresa y hazme reir.
Regresa.


Pdta: tú sabes lo que es.
Lizzy
"U" y "Alianza Lima" se vieron, otra vez, las caras en el tan esperado 'clásico' de nuestro balompié peruano. ¿Qué chica quisiera estar allí? Creo que no muchas. Desde casita, todo estuvo mejor. (Creía)
Mientras los miles de hinchas cremas y blanquiazules coreaban, a más no poder, las canciones del equipo de sus amores, una esperaba los resultados desde su sofá. ¿Por qué? Una 'significativa' apuesta.
¿A quién le iba? Al equipo de la familia: Alianza Lima. Aunque - debo confesar -, siempre que se enfrentan estos equipos, no sé a quién irle. Tengo el corazón dividido. Mitad blanquiazul, por la familia; un cuarto cremita, por ti; y otro cuarto de la SMP, por obvias razones: estudio allí.
Pero esta vez tenían que ganar los victorianos. Había apostado por ellos. Además, así no quiera recordarlo, perdimos en Matute. ¿Qué pasa?
En el primer tiempo, todo estaba bien. Un gol dibujaba mi rostro. Los gritos de mi hermano - y los míos, también - no se dejaron esperar. La emoción de mi papá y de mi abuelo era evidente. Les estábamos ganando. Sí, ganando. Pasado.
Es más te llamé para sacarte 'cachita', pero claro sabías que era yo y no me contestaste. Perfil bajo. Como siempre. Creo, sabías iba a gritar el gol por celular.
Empezaron los últimos 45 minutos... Nooo! Llegó un mensaje tuyo. ¿Por qué? Claro, tenías que cobrartela. Un gol de tu equipo. Y faltando pocos segundos, creo, para que termine el partido, otro mensaje con sabor a gol crema.
Está bien. ¿Qué quieres escuchar?... ¡Perdí! Ahora a pagar la puesta.
Pero ya aprendí.
No debo apostar dinero...
Hasta el siguiente clásico :)
Lizzy

Sabes a qué me refiero con el título.


<........................>



Un tremendo placer haber faltado a clases del ICPNA para ayudarte. Lo digo en serio. No bromeo. No intento ser irónica, ni nada. No perdí nada. Es más: gané minutos a tu lado. Más que suficiente para sonreir.


Siempre que necesites mi ayuda, estaré allí. No tienes ni que pensarlo. "¿Le mando o no un sms?", más que segura que lo hiciste. No diré nada. Sabes (creo yo) interpretar mi silencio. Pero, aunque no me creas, no me molesta. Lo juro. ¿No parece verdad?


Sé que,muchas veces, soy voluble. Puedo cambiar una carcajada por un llanto en cuestión de segundos. Puedo hablar mucho y de pronto callar. Puedo ser todo y nada a la vez. Puedo conversar de política y al rato de "espectáculos. Puedo ver terror hoy; y mañana, drama. Soy así. ¿Cómo me aguantas? ..... No lo entiedo, pero GRACIAS!



Sabes que eres el único en quien confío. Estoy segura que nunca me fallarías. Siempre que te pido ayuda, tú estás ahí.


- "Me puedes buscar el resumen de tal libro?" Noo! Lo confesé. Lo hiciste. No solo un enlace. Fueron más. Gracias.

.......... Muy mal, niños! Muy mal! ................



- "¿Te puedo llamar si pasa cualquier cosa?". Estuviste ahí. A la 1 am, te llamé y estuviste conmigo. Para no dejar que me descontrole. Para cuidarme. Para calmar mi llanto.



- "No puedo hacerlo. Soy muy cobarde. No puedo ir al entierro." Me entendiste y te quedaste conmigo. Sabes que no aguanto ver sufrir a mis amigas. Me hablas y todo cambia.



- "Me siento mal." Si no me mandas al doctor, te conviertes en uno.



Mil gracias!



¿Cómo decirte no? No puedo. A ti, no. Con los demás hasta encuentro mil pretextos para soltar una negativa - lo siento -, pero contigo siempre es un sí. No me cansaría. Nunca.


Ya no importa que TODO EL MUNDO diga que estoy enfermamente enamorada, en el buen sentido de la palabra. Me da lo mismo. Lo único que me importa es estar contigo. Siempre. No sé si sea bueno o no, pero de verdad te quiero muchísimo.


Amigo, mejor amigo - a decir verdad -, compañero desde el colegio, hermano, enamorado, amante, confidente, paño de lágrimas, psicólogo, doctor... mi todo!



... siempre, serás especial!...

... muy especial!...

.... t amo!...

Lizzy
"¿Por qué no piensas en ti?", retumba en mí. Claro, si apenas y pasaron 60 minutos desde que me lo dijiste.


No te entiedo. No soy como tú.

(¿Quisiera serlo?)


No puedo pensar así. Otra vez un por qué sin respuesta. Contesta. Haz que te entienda porque, la verdad, no puedo. Y aún así eres mi hermano. Sí, tú mi hermano J. Tan diferente a mí, tan metido en tus cosas, tan amante de lo tuyo. Nada más eso. Sólo tú. Tú, tú, tú.


Disculpa que lo escriba, pero no te lo puedo decir a la cara. Muero de miedo. Sé que si te lo digo de frente, no podré contenerme. Sabes a lo que me refiero: lágrimas. No soy tan fuerte como tú. (Creo) No soy tan dura. No siempre. No soy invencible. Otra vez: no soy como tú.


No me juzgues, por favor. No sabes lo difícil que es para mí todo lo que está pasando. No puedo más. ¿Lo sabes?... Ahora sí.


Si te lo conté no era para que me lo sacaras en cara. No creí que lo harías. Duele. De todos, menos de ti. Eres mi hermano. ¿Por qué no escuchas mis razones? ¿Por qué solo gritas? ¿Por qué me haces sentir peor de lo que ya me estoy sintiendo? ¡Ayúdame!


No intento ser la Madre Teresa de Calcuta - como sueles decir -, pero es mi amiga. Sé que 'eso' está contra todo. Al menos, sabes que estoy contra eso, pero ¿qué hago? Es mi amiga. No puedes juzgarme porque la ayude. No sabes lo que estamos pasando. Ella más que yo. Piensa en ella, por favor.


No sabes cómo dolió escuchar tanta tontería de tu boca. Dolió. Dolió mucho. Créeme que no pudiste ser más hiriente. ¿Lo aprendiste de mí, verdad? Porque, sí, lo acepto, soy así: muchas veces cruel, otras frágil.


Solo quería confiar en ti y lo hice. Lamento tanto haberme equivocado. Quería tu ayuda, tu apoyo. Sentir que no estaba sola en esto. Sentir que alguien más podía ayudarla. Que seríamos dos ya. Otra vez - y al igual que ella - me siento sola.


¿Por qué? Ahora, más que antes, la culpa me mata. Aún no está hecho nada. Si no sabías, ¿por qué dijiste todo eso? :(


¿Cómo confío en ti? ¿Cuándo podré contarte algo? ¿Cuándo dejarás de ser mi hermano para que te conviertas en mi amigo? ¡Te quiero!
Lizzy
¿Preparados? Casi. Eran las 11 a.m. y todos estábamos más que confiados. Las hojas marcadas de otros salones estaban más que memorizadas. Era para un 20 sí o sí, pero a lo Chapulín Colorado, no contábamos con la astucia del profe. Nooo!
La de siempre
Seguridad, fe y, en algunos, horas de sueño por cumplir. Todo por los finales. Benditos exámenes. Parecía ser la semana más relajada, pero parecía no más.
Cuando crees que ya lo sabes todo, te llega el papel y... tu mente quedó, sin darte cuenta, en blanco. Se borró. El chip de tu cerebro funcó. ¡Qué bárbaro! Lo peor: no te viene nada de lo que habías estudiado.
Códigos, señas, guiños. Todo estaba calculado. Pero, claro, tuvimos que ver las hojas bond A-4 (muy específica) en blanco para que, una vez más, los ceros se dibujen en nuestros labios. ¡Qué mal, profe!
Peor aún cuando dijo: "Los temas a redactar son el golpe de estado en Honduras y las consecuencias de la interpelación a Yehude Simon y Mercedes Cabanillas". ¿Qué pasó? ¿Cómo así? ¿Y dónde están las opciones?, se preguntaban todos.
El caos empezó. Siguiente paso: pedir al profesor por sus vidas, por sus notas, mejor dicho. Nadie estaba preparado para eso.
Comunicadores incomunicados.
Comunicadores desinformados.
Nuestra verdad.
(Lo acepto)
Lizzy



Sé qué a muchas nos pasa.
Experiencias personales, de conocidas,
de amigas, de familiares.
No lo niegues, aunque sea una vez,
pasaste por esto.

Piénsalo.
¡Ayúdate a sentirte mejor!
¡Ayúdame a sentirme mejor!
Lizzy


¿Por qué? Sólo respóndeme eso... ¿por qué me pides eso?

Si se acercara el cumpleaños de tu enamorado, de algún familiar, o de alguien tan querido y me pidieras que te ayude, lo haría. Tenlo por seguro. Pero, por favor, no me pidas eso. No quiero ser cómplice de algo tan cruel.
Tengo tanto miedo. Mucho miedo, a decir verdad. Intento no pensarlo, pero eres mi amiga. ¿Cómo negarte mi apoyo?

"Los amigos están en las buenas y en las malas", escuché decirlo varias veces. Créeme que intento practicarlo, pero lo de ahora es demasiado. Tíldame de mala amiga si quieres, pero no puedo con esto.

Sé que esperas más de mí. Hago lo posible para no fallarte. (Disculpa) Estoy luchando contra mí misma. Solo te pido que me entiendas tú a mí, como yo intento hacerlo contigo. Pero es que no quiero arrepentirme de nada. Ni hoy, ni mañana.
Esto es más fuerte - de verdad -. Tenía muy claro lo que pensaba. Todo lo que está pasando, ha hecho que me la crea más. No quiero pecar de moralista, ni nada, pero es una vida.

No quiero ser cómplice de eso. No me lo pidas.
Si tan solo pensaras un poquito más y no tuvieras miedo, todo sería diferente. Sé que eres muy joven aún, pero piénsalo mejor. No juegues con la vida. No te arriesgues. Te quiero mucho. Y tengo mucho miedo por ti.
Quisiera creer que nunca me dijiste ' salió positivo' y después estar hablando de algo tan delicado como el aborto.
¿Por qué fue lo primero que pensaste? Disculpa, otra vez, si te estoy juzgando. Sé que tengo que pasar por eso para poder decir cualquier cosa, para poder expresarme. Disculpa, pero no entiendo. No podemos jugar con la vida de alguien tan inocente. ¿Qué culpa tiene él?
Hasta hace poco hablábamos de chicos, de estudios, de sueños, y ahora... ¿qué pasó? Todo así tan rápido. Sí, como un baldazo de agua fría. Helada, a decir verdad. No me lo esperaba. Tú tampoco.
¿Qué hacemos? Lo único que quiero hacer es verte reir otra vez. No quiero verte llorar. No por esto. Debería ser motivo de felicidad. No de tristeza, no de preocupación, no de temor. ¿Qué hacemos?
No quiero darte la espalda. Quiero que sepas que cuentas conmigo. Quiero apoyarte, pero no sé. Es todo tan confuso.
Ojalá y las circunstancias hubieran sido otras. (Perdón, el hubiera no es. Ya pasó.) Ahora hay que rezar para que todo salga bien.
Por última vez, discúlpame. No creo poder estar contigo en esto. No quiero llorar de arrepentimiento. Es una vida. Piénsalo mejor. Házme y házte sentir bien.
Etiquetas: 2 comentarios | | edit post
Lizzy
"Hasta mañana tienen plazo para entregarme el trabajo", dijo el profesor haciendo referencia a la dirección de nuestros blogs. Consecuencia inmediata: ceros dibujados en las bocas y mutis total.


Sin más que decir, se fue. Nos dejó con globitos y miles de #%$& dibujados dentro de ellos, como en los dibujitos. Disculpe, pero es la verdad. Más de uno lo pensó, otro lo dijo, pero ahí quedó.


En fin, ya está. El mañana ya pasó. La evaluación - superficial - ya fue. Una nota más, una nota menos: problema o alegría de cada quien.


Resultados: =), no por la nota, sino porque

lo que empezó como una presión,

hoy es otra pasión... escribir!
Lizzy
Me cuesta tanto asimilar que todo lo que vi es real, dice una canción que me encanta. Y, hoy, más que otras veces, sentí la letra. Mejor, la viví.
Te vi L. En el pasillo de la universidad. Te extraño como no tienes idea. Sé que no lo puedes leer, pero me ves. Sientes lo que siento. Entiendes lo que pienso. Me escuchas cuando te hablo, cuando intento hablarte - sin quebrarme -. Sé que siempre estás allí.
Pero no es lo mismo
Necesito hablarte. Entender por qué. ¿Por qué tan rápido? ¿Por qué así? ¿Cómo? ¿Sentiste miedo? ¿Cómo estás ahora? ¿Nos ves? Tantas preguntas. De hecho, más de las clásicas que nos enseñan en la universidad. ¿Algún día me responderás? Espero que sí. Quiero creer que sí.
Ya vamos a terminar el ciclo y no estás. Te busco en mis sueños, pero no te encuentro. No te pierdas cholita. Te extraño.
Mi consuelo: hoy te vi. Lo juro.
Lizzy
Adiós. Esta vez, sí fue un adiós. Sin imaginarlo, sin pensarlo, ya no están más conmigo. ¿Cómo es posible que en menos de un mes dos de tus amigas desaparezcan, literal, del planeta? No lo puedo asimilar. A pesar de que -entiendo - ahora son dos ángeles, es tan difícil hacerte la idea de que no vas a escuchar más su voz, que no vamos a reír ni llorar juntas, que no vamos a graduarnos juntas. Nones. Tantas ilusiones que, en un abrir y cerrar de ojos, desaparecieron. Las quiero un montón, pero ¿dónde están? Las extraño.
Perdón
La más "fuerte" se quebró. Intenté no llorar. Creí que todo era mentira, que era una maldita broma pesada -como las que solía hacer en el colegio-, pero no. Eran tantas las llamadas diciendo lo mismo que tuve que creerlo. ¿Lo hice? No. Tenía que escucharlas. Necesitaba hacerlo. Pero no me respondían el celular. Ni tú L., ni tú N. Las extraño como no tienen idea.
Los adormecedores cortejos fúnebres, de hecho, no los inventaron para mí. Los detesto a más no poder. El luto, el café con las galletitas, coronas que más que adornar hacen más pesado el día. ¡Qué feo! No soporto ver llorar a las personas que más quiero. Me contagio y es lo que menos quiero. Tengo que ser fuerte. Aguantar. Ya cuando esté sola, podré ser yo. Desahogarme. Llorar como una niña sin que nadie me vea.
Lo prometo
Ni una más. Ya no más llanto. La vida sigue, me dijieron. Lo único que me queda: consuelo. También ustedes, mejor dicho, por sobre todo, me quedan ustedes. Ahora los valoro más. Créanme. Los quiero más.
A la hora de dormir, son lo primero por lo que pido. Despierto agradeciendo tenerlos conmigo un día más, tejiendo ilusiones juntos, soñando con verlos felices, inventando historias que sé algún día se realizarán.
Tal vez suene a chiclé, pero es lo que siento, lo que pienso. Los quiero, los extraño. Una llamada no cuesta nada, menos un mensaje de texto. No desaparezcan. Me hacen falta. Y así parezca comentario de Hi5: "Cuentan conmigo para lo que quieran."
*Pdta: Disculpen si aburrí, pero necesitaba escribirlo.
Lizzy
Una vez más, lo mismo de siempre. Ya para qué hacernos hígado. Más que peruanos, debimos ser realistas. (Me lamento.) No lo entiendo. ¿Perú siempre va a ser menos equipo que los demás? ¿Por qué hasta en nuestra cancha nos dejamos?

Hinchada tienen, dinero hay - poco, pero hay -, ¿qué les falta? ¿Garra? Suena tan a cliché, pero es la verdad. Cuando juegan en el extranjero se rompen el lomo, dan lo mejor de sí, pero cuando toca jugar por la blanquirroja, es otra historia. Ojalá y se dieran cuenta.
De mal en peor
Los chilenos nos dejaron un amargo sabor con el triste 3 - 1. En menos de dos minutos, ya teníamos un gol en contra. ¿Con qué ánimos seguir frente al televisor? "Ya para qué", escuchabas a tu alrededor. "Apaga eso", pedían todos. No, pero una terca que nunca falta por ahí (presente) seguía con la tortura. Renegando, pero siempre con la fe.
Minutos después... ¡Goooool! de Chile. ¿Querías seguir viendo lo que quedaba del partido? Pregunta innecesaria. Pero si apagaron la tv, te perdiste la esperanza del gol peruano. Lo que siguió ya lo vimos. Uno más de Chile y a agachar la cabeza. Historia conocida.
Si con Chile habíamos perdido y en nuestra cancha, ya ni querías imaginarte ¿cómo iban a ser los 90 minutos con Brasil, verdad? Los correos de la Hora del Planeta empezaban a correr. "Desconecta tus electrodomésticos, mejor si sólo es el televisor." La resignación era lo único que nos quedaba. Si ya no jugamos por nada - desde hace mucho -, ¿para qué ver el Brasil - Perú?
Miércoles 1 de Abril, 6:10 pm, ¿te alistaste frente a la pantalla? Si dices que sí, no te preocupes. Ya somos dos. En fin, sea lo que sea, era Perú quien jugaba contra el grande. David versus Goliat... otra vez, perdimos. Esta vez un 3 - 0 nos hacía sentir peor de lo que ya teníamos con lo de Chile. ¿Te asombra? Estamos acostumbrados. Ya no nos afecta. Es tan normal. "¿Cómo quedó la selección?", creías que te preguntaban los que no sufrieron con el partido. "Lo mismo de siempre", tu inconsciente respondía
¿Cuándo veremos a la selección en un Mundial? La respuesta parece tan lejana o, peor aún, parece nunca llegar. Para no hacerles perder la fe en nuestro fútbol, les dejo un videito de esos tiempos de gloria. Cubillas, Cueto, ¡los extrañamos!

Lizzy

Las imágenes de siempre. Las ilusiones que nos venden. El gol que nunca gritaremos en un mundial. El sabor amargo que nos deja la derrota, una y otra vez. (O el empate, si quieren.) Disculpen por el pesimismo, pero sé que tú también piensas así.


¿No estás cansado de que te repitan aquel remoto gol en blanco y negro añorando esos tiempos de gloria? ¿No te gustaría que esa imagen fuera a color, fuera la de hoy? Esperemos hasta las 6:10 p.m. para ver qué pasa.


Por lo pronto, sé que estás en todos los preparativos. Ayer te llamaron tus amigos para decirte que hoy hay parrillada en la casa del gordo. La típica. Así que no te pases de conchudo y anda a comprar, al menos, un six pack de tus 'aguas' bien heladas que tus amigos estarán más que agradecidos contigo. Busca tu camiseta blanquiroja para que no desentones. Hoy todos somos Perú. (Creo.)


Si no tienes planes fuera de casa, no importa. Tus tíos, ya entrados en añitos, llevarán los tan usados CDs de música criolla po, tal vez, el tantas veces repetida 'Perú campeón, Perú campeón'. Tus primos, sobrinos, abuelos, todos se juntarán y estarán sentados frente a la pantalla esperando gritar: ¡Gooooool!

Estés donde estés, estés con quien estés, ponte el mejor traje que tengas para ver el tan aclamado "Clásico del Pacífico". Lo que no te debes olvidar: 100% optimismo. De hecho, quieres que Perú gane. Mucho mejor, si golea. Es lo que más deseas. Claro, siempre y cuando seas hincha de tu país y amante del fútbol.


No necesitas ser nacionalista, ni chauvinista para que entiendas que hoy jugamos contra Chile. Sí, Chile. El país 'hermano' al que 'más cariño le tenemos. Perdón, estoy faltando al principio de imparcialidad, pero... sólo por hoy.



Pdta: El después del Perú - Chile también será excepción a la regla, a ese principio del periodista: la objetividad. Sea lo que sea, pase lo que pase, soy peruana.
Lizzy
¿Terminó el verano? Según el Servicio Nacional de Metereología e Hidrología del Perú (Senamhi), hace más de dos semanas nuestros infernales días de sol terminaron. Entonces, ¿por qué aún seguimos con el gordito amarillo alumbrándonos? No soy experta en cuestión de temperaturas y climas: mejor, me callo.


Verano es igual a vacaciones, al menos en Perú. Verano es sinónimo de playita, de sacrificio por lucir el cuerpo pefecto, de no grasas, de mantenerte en forma, pero siempre existe una excepción a la regla: los heladitos.


De chocolate, de vainilla, de chocochips, de lo que sea, pero quiero mi helado. En el acto.


"Gracias Perú", campaña de D'onofrio, se convierte en la solución a este antojo. Todos los helados de sus triciclos estarían a S/.1. 00, o sea, tardíos veraneantes, es hora de 'asaltarlos' (sentido figurado). Pero, ¿dónde se han metido? Exijo una explicación. No se vale que justo ahora que lanzan su promoción, todos los heladeros se hayan escondido.


Peor aún. Encontré un video que muestra 'lo oculto' (irónicamente) del asunto: http://www.youtube.com/watch?v=AEzcLOrAJNY. Te venden lo que ellos quieren. No ponen todas las variedades que tienen. Venden los conocidos 'donitos', 'turbos', 'minisandwich', entre otros, cuyos precios no pasan de S/. 2.00. ¡Qué estafa! Así no juega Perú.


Si van a lanzar una campaña de agradecimiento por tanto que les hemos facturado, sean consecuentes con sus hoy estafados hinchas. No se escapen y ofrezcan de todo. Ojalá que esto no se repita, si no apuesto a quien sea que su popularidad se irá en picada.


... sigo queriendo mi helado...

¡Arrivederci D'onofrio!

Pdta: Así se disculpen, ¡ya perdieron! http://www.youtube.com/watchv=MjBZHKDeJCc&feature=related)
Lizzy
Hoy al blog renegón le toca presentarte una realidad tan molesta e incómoda: los “colados”. Esos que no respetan nada, que se hacen pasar por enfermos para meterse donde se les da la gana, los que interesadamente te saludan para quedarse ‘ahí’, etc., etc. Miles de excusas para hacer sus ‘gestiones’ en un abrir y cerrar de ojos. Lo peor: nosotros lo permitimos.

Aviso previo: Si estás en la universidad, esa que es para toda la vida, entenderás lo que estoy diciendo. Más aún, en la facultad de la Av. Tomás Marsano. Ahí me quedo. Ya sabes cuál es.

Terminaron las vacaciones. Estás a pocas horas de empezar la tortura de los trabajos Sabes que los libros, las separatas, los manuales y todo tipo de fotocopias esperan por ti. Lo único aconsejable: tolerancia. No vale renegar.

Empezaron los trámites. Las primeras semanas de clases – que por cierto son las primeras de marzo, o sea a lo colegio - entras con tu certificado de matrícula. Hasta ahí no hay problema. Claro, siempre y cuando lo tengas. En fin. “Desde el miércoles puedes canjear tu TCP”, te dice la ‘guardiana’ del edificio. A la mitad de la segunda semana, lees o, mejor dicho, te pasan la voz de que ya debes entrar con tu Tarjeta de Control de Pago (TCP). Ya sabes lo que te espera: estar parado haciendo cola horas de horas en pleno sol. Ten paciencia.

Hora de salida. Toca el timbre - ¿Qué seguimos en el colegio? -. Todos a correr a la cola. Si estás en el último piso del edificio, ya te fregaste. Aún así, estás en el segundo, por ejemplo, y cuando ves el patio te das cuenta que la cola es tan larga que lo dejas para otro día. “Mañana seguro hay menos gente”, piensas. ¡Falso! Lo sabías, solo que te hiciste el ‘loco’.

Al día siguiente, ya estás en la cola muy cerca de la ventanilla de atención, pero… Delante de ti hay una pareja que, poco a poco, se convierten en un ‘manchón’. ¿Cómo fue? ¿A qué hora llegaron? ¿De dónde salieron? Tú ni cuenta te diste. Ahora ya son 6. Las risas y saludos hipócritas te alertan. “Ya no me la hacen”, piensas iluso. “¡Amigo! ¿Cómo has estado? ¿Qué tal las vacaciones?”, escuchas a una gritona. ¡Qué cólera! Pero como ya habían colado a 4, esta vez no te vas a dejar. Por favor, no te dejes…. Al minuto, uno más te hizo retroceder. Mil disculpas. No tuviste el valor de reclamarles.

Como no pudiste con tantos, el vigilante tiene que escuchar tus histéricos gritos. No es para menos. Vale. Así que sigue no más. Sinvergüenza con razón. De alguna manera, hazte respetar. Y, sí, le ‘tocó’ al guachimán porque él también se dio cuenta, pero no hizo nada. “Sus constancias”, pide tranquilamente. “Para la próxima, vigila que no se colen o diles algo”, te haces escuchar fuerte, enérgico, molesto. Su silencio o su respuesta ya no sirven. Ya pasó y tú ya perdiste tiempo. Ahora, sólo pasa la página. Será para la próxima.


Lizzy

Llegó el domingo. Día familiar, dicen por ahí, pero para ti es día de resurrección. “Ya se ha muerto mi abuelo, ayayay. Ya se ha muerto mi abuelo, ayayay. Tomando trago, ayayay. Tomando masato, ayayay.” ¿Te acuerdas de la canción, no? La cantaste a la perfección, sin desentonar. Mejor aún, la bailaste como trompo ayer. Sí, ayer.

Domingo, 11 de la mañana y tú ni tienes la menor intención de despertarte. “¡Levántate flojo!”, escuchas entre sueños. Es tu mamá que, por encargo de tus amigos del barrio, te hace acordar que ya es día y tienes compromisos por cumplir. Hoy eres playita. ¿Santa María, San Pedro? Cualquiera. Total, las dos tienen nombre tranquilo, de santo(a).

“¿Mamá, dónde está la toalla?”, conchudamente le preguntas. Ella, como te quiere más de lo piensas, te alista toda tu mochila mientras te bañas. Ya estás listo. Escuchas el claxon del carro. Son tus amigos que vienen a recogerte. ¿Te fijaste la hora que están saliendo? Son las 11 y media. “Ya regreso”, te despides.

La música a todo volumen, gritando a modo de conversación, viendo las chicas con minifalda por la ventana. Empezó la diversión. ¿Qué falta? Sí, eso. Se detienen en la tienda más cercana. Cervezas bien heladas. Las tienes. Ahora a seguir con el camino. No sabes lo que te espera.

Te escapaste de tu barrio. Ahora, por castigo, te toca salir de la Av. Javier Prado. ¿Cómo la haces? Si pasaron 10 minutos y avanzaste, al menos, tres cuadras, no te quejes. El día te sonríe. ¿Cuánto tiempo más? No molestes, ya la salaste. Con suerte y mucha paciencia, ya están a la altura del puente Benavides. No soportan el infernal sol. Les falta mucho todavía. Así que a aguantar se ha dicho. Para llegar al puente Ricardo Palma sufren como no tienen idea. La inmensa fila de autos llenos de extasiados veraneantes es como para no creerlo. Para pasar el puente Atocongo es una nueva pesadilla. Y, ¿dónde están los policías? Cumpliendo su función, pero no tienen el control. “Si quieren ir a la playa que aguanten.”, tal vez lo piensen.


¡El tráfico es más que asfixiante!



Ya estás cerca al peaje. La fila avanza lento, pero avanza. Entraron a Lurín. El olor a chicharrón los hace prometer una parada obligatoria al regreso. Pasaron Pucusana. Ya pueden ver el mar y a las chicas en bikini. Tren al sur, tren al sur. La canción del grupo chileno ochenteno, Los Prisioneros, cae como anillo al dedo. Después de las casi dos horas achicharrándote, estacionan el auto. Todos al agua. ¡Por fin!

Disculpen, pero tengo que hacerles recordar. Lo mismo tendrán que pasar al momento de regresar. Así que tomen sus precauciones. Dejen de sacar teléfonos a cuanta rubia se les aparezca y alisten sus cosas. Acuérdense, también, la cita pendiente que tienen con los chicharrones.

No vale picarse. Solo les hago acordar para que no renieguen de camino a casa. Diviértanse. Falta poco para que el sol se vaya. Saquen el jugo a sus vacaciones de verano, si es que aún gozan de ella. Por última vez, tomen sus precauciones, que el tráfico no les malogre su caluroso domingo.
Lizzy
“Apéguese, apéguese. Al fondo entran cuatro.” “¡Ya pues, al fondo ya no hay sitio!” ¿Nadie puede decirlo? Sólo se escucha el respiro y se siente la timidez de los pasajeros. Reina el silencio. ¿No sería mejor que dijeras lo que piensas? Claro, pero siempre sería, nunca es.

Empiezas la rutina del día. Si te levantas temprano haces todo lo que tienes que hacer con calma; si no, empiezas a renegar. Típico. Para variar, te das cuenta de que es lunes y que te faltan varias horas de agonía para descansar. Terminaste – o en muchos casos dejaste a medias - el desayuno que tu madre con tanta paciencia y dedicación te hizo. “Hijito, si no comes te vas a enfermar.” ¿No se te hace conocida la frase? Para satisfacerla te llevas tu pancito para que lo vayas comiendo en el camino. Sales de tu casa corriendo porque ya es tarde. Ahora sí ya se te hizo tarde.

Desde una cuadra puedes ver cuánta gente está esperando su carro. Tal vez, llevan 15 minutos o más parados en el mismo lugar. ¿Lo viste? Ahí viene. Páralo y júntate con todos los que van en la misma línea que tú. La combi está más que llena. Ni el cobrador, ni el chofer, ni los pasajeros lo entienden. Los primeros quieren cobrar más y los últimos sólo llegar temprano a su centro de labores. Si estás dentro y parado, sabes que entraste a otra realidad. Literal,
otra realidad.

El ambiente cargado, viejitos renegando por las noticias de siempre en el periódico, mujeres sentadas haciendo malabares para maquillarse, universitarios con el MP3 a todo volumen, trabajadores desesperados viendo su reloj cada cinco minutos, el cobrador soltando “piropos” a cuanta chica bonita se le aparezca, el chofer gritando a los que le cierran el paso y – como para cerrar el marco perfecto – los que están parados, o mejor dicho encorvados, quejándose de esa maravilla de transporte: la combi repleta.

Si vas en la misma línea todos los días, sabes en qué paradero se baja la mayoría de los pasajeros. Llegaron. “Baja, baja.” Frase ilustre del cobrador. ¿La estabas esperando, no? Empiezas otra aventura. Aún te falta mucho por llegar a tu destino.

Ya todos están cómodos, al menos, sentados. ¿El cobrador? Sigue parado y “jalando” gente. Ruegas para que no entre nadie más en la combi. “¡No, por favor!”, piensas. No te duró mucho. Dos paraderos más allá y ya estás viendo el tumulto de gente que alza la mano. Mala señal. Ya sabes lo que viene.

“Apéguese, apéguese. Al fondo entran cuatro.” Esta vez, al menos, tú debes de hacerte escuchar. Ya pasaste una vez por esta situación y, lo peor, en la misma combi. No te quedes callado. No te quedes en las quejas y haz algo. No tengas temor a caer antipático. Es cuestión de respeto. Piénsalo.

…Cinco minutos después:
“¡AL FONDO YA NO HAY SITIO!" Ya vez, no era tan difícil. Si te hicieron o no caso, no importa. Lo que vale es que ya no eres uno más del montón que deja las cosas tal cual, sino que se hace respetar.