Es común ver en la municipalidad de tu distrito el flash de la cámara congelando la sonrisa de unos recién casados. Familiares y los amigos, con sus mejores trajes, posando para la foto del recuerdo. Otros días, las colas que se forman para pagar los arbitrios o algún impuesto, más aún. Sin embargo, ¿te sorprendería encontrar en tu municipio a jóvenes y adolescentes vestidos de negro ocultando sus rostros tras un particular peinado? Si la respuesta es afirmativa, embárcate en cualquier línea de transporte público que te lleve al concejo de Los Olivos y prepárate para la experiencia.
Viernes, 6 p.m. Busca en tu guardarropa lo mejor porque hoy, sí o sí, sales. No te asfixiarás en tu casa. Lo prometo. Si no me crees, mira tu celular y encontrarás mensajes de texto que pronostican el escape al aburrimiento. Son tus amigos haciendo planes, mejor dicho, pasándote el dato. “A las 7:00 p.m. en la municipalidad”, leerás. Ahora sí, corre al closet.
Tus zapatillas All Star, unos pantalones ajustados color negro, una correa y un polo rosado. ¿El peinado? Tápate casi todo el rostro. ¡Listo! Fiel a tu moda, ve al encuentro de la comuna. Tus amigos emos esperan por ti. Lugar de encuentro: la esquina de la municipalidad, al lado de la pileta.
No eres el primero, el grupo ya se estaba formando. Risas tímidas se dejan notar. Claro, si el peinado lo permite. Miradas veloces recorriendo todo tu vestuario. Olfato para prevenir el insulto y la burla de otro grupo. Los metaleros siempre fastidian. No conciben la idea de que existan los emos. “Fuera llorones”, les dirán. Bocas inertes si estás con tu enamorada – por regla, igual que tú. Problemas, problemas y más problemas: el tema preferido.

Son las 8 p.m. y la municipalidad de Los Olivos alberga a las hoy más conocidas tribus urbanas: emos, punks, metaleros y hip hoperos. Cada grupo tiene su espacio y su tiempo – como quien paga por un derecho de piso -.
Pasada media hora, se esfuman los incomprendidos y llega el color serio en todo su esplendor. Es el turno de los punks y metaleros. A veces, el olor no es agradable. Te darás cuenta que están “en otras”. Volando, como suelen decir. ¿Problema social? Absolutamente. Aún así, no les importa. Algunos testigos de Jehová o personas de otra secta religiosa que nunca faltan ya han intentado cambiarlos. O aún están en esas. “Si lees la Biblia, descubrirás que existe una vida mejor”, leerán con su adormecedora voz. La verdadera razón por la que escuchan su pomposo discurso es la presencia de jóvenes ayudantes que lucen muy recatadas, pero que, también, son de carne y hueso. Fingen estar escuchando. Cuando terminaron el versículo, el adiós de la ayudante es lo único que se les grabó. Te veo el otro viernes. Metaleros y punks con sus largos cabellos ya pactaron la cita. O al menos, eso creen.
Son las 9 p.m. y entran, como reyes en su palacio, los hip hoperos. Hoy habrá tocada. Mejor dicho, reto. Los dos bandos practican sus mejores sonidos y entonan versos que intimide al contrincante. Se ponen en todas las situaciones. Crean letras para cualquier imprevisto. Sus anchos polos y pantalones hacen que aparezca el patrullero. Los vecinos ya los alertaron. Sus blancas y vistosas zapatillas completan el atuendo de un verdadero amante del hip hop. Si el reggaeton no le es indiferente, también lucirá un enorme collar – blin blin, en su argot -. Aparecen más ambulantes. El cigarro saldrá como pan caliente. De hecho, su mejor inversión.
La radio grabadora de una esquina se hace sentir más que la otra. Cual trofeos, se pelean por tener a las muchachas más simpáticas y las más atrevidas. Mientras más bulla, el grupo es más respetado. Los preparativos están por culminar. Mandan a uno del grupo para preguntar al otro si ya está listo. Todavía no se puede empezar. Los policías siguen rondando. Los listos jóvenes se alejan de la zona para despistarlos. Tras unos minutos, regresan. Ya todo está listo. La gente se acomoda en las mejores ‘butacas’ de la rotonda de la municipalidad para no perderse ni un detalle del espectáculo. Las previas: unos malabaristas y un improvisado show de aficionados al skate. Jóvenes realizando piruetas con pequeñas bicicletas tampoco pueden faltar. Todos quieren sorprender al público. Ganarse miradas. Un presentador elegido por ambos grupos anuncia el inicio del reto. Letras “sutiles” que enronchan a cualquiera se escuchan en la vibrante rotonda. Faltando pocos minutos para que se cumpla la hora, los espectadores eligen al ganador con gritos. Termina el reto y se abre paso a una municipalidad que quiere volver a la normalidad. Emos, punks, metaleros y hip hoperos se acomodan en las bancas con sus grupos para seguir la diversión, cada quien a su manera.
Hoy la municipalidad de Los Olivos es más que una institución que se ocupa de la administración del distrito. Ya no solo es vista como un sobrio edificio, sino que es un espacio que atrae a locos y cuerdos. Sigas la ideología que sigas, seas hombre o mujer, pertenezcas a la secta religiosa que pertenezcas, estés o no dentro de cualquiera de estas tribus urbanas, puedes conocer el mundo de estos singulares personajes. Aunque no sean abiertos al común denominador de las personas, puedes camuflarte con un conjunto negro y fumar un cigarrillo para que no escapen de tu mirada. No los juzgues. Uno nunca sabe si está en ti una de esas personalidades reprimidas.










